HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

desde Playa de Traba


No sé cuándo nací madre de lo que mataba.
En mi piel el hielo se hizo rosa, clandestino nido de la oscuridad, convertida en canto.
De mi raíz como mi sepulto. Como mis remos mezclados en la pintura triste que levantó el polvo en tu sombra espantada. Al beso que no concluyó el quebranto de la letra en el borde del fin.
Mi cuerpo fue olvidado entre mis poemas.
Hoy reclama desde la fragua del hueso, su voz.
La memoria de mi cuerpo no fue la de mi palabra.
La palabra para sobrevivir trató de deshacerse de ese crujido de tiniebla.
Y hoy desde su fondo, inevitable grita y golpea las paredes del desahucio. El dictado de ortiga y de culpa, de pedrada y destierro.
Yo lo oigo escondida entre amapolas y medusas.
Con Franquestein pegando en la ventana el aliento congelado de los tordos.
Se revuelve en mis entrañas la absorción del golpe y el desgarro rompiendo el cristal que bebieron mis locos armados de luna en ninguna parte.
La partitura del rayo rasgó las muecas del camino entre gotas de sangre que bajaron tus mejillas como tropas del crimen del sonido que explotó donde tu corazón bombeaba imposible la unión de la antagonia.
Y a trabajos forzados en el abismo de la golondrina, fue fosa y veneno, tu dulzura. La bestia agazapada, donde cierras los ojos de insoportable belleza del valle, abrió las trincheras donde entierras a tus hijos, como espina huérfana que amartillea tu alma, cruzando el infierno de un piano mudo.

Salir es lo mismo que quedarse para siempre, en el vómito de ese verso eléctrico entre un cadáver y un sueño.
Cuando la suma de perdones e indiferencias, cuando después de dárselo todo al amor, una piedra huracanada rasga en el pecho vacío, una espada que no ama ni perdona, la ausencia de la mano en su empuñe ni el horizonte desangrado en su filo.
Porque no sabe.
Porque no tiene nada.
Y entonces sube la arena seca por los pies.
Descuartiza tus postales en el árbol muerto.
Y llora por los ojos trenes disecados, en una huella sola, abandonada irracionalmente en la nieve.

Y de aguantar tanto el pulso a la nada, la sombra de la mano cae derramada en la mesa
agarra tu cuello, como se riega una margarita, cuando las bestias mutiladas arremangan el olvido donde tu equilibrio fue el agujero negro que los bares y veredas usaron para cobrarte el réquiem y el whisky 
que te arrancó la impaciencia y la cicatriz en la tundra del hambre
que te levantó entre esqueletos
el aullido que hoy trae el cielo
como una soga
donde la primera flor
se quita los brazos y la tráquea
para amarte
inútilmente
pero ella siempre lo supo.
Todo empieza otra vez, cada instante que se rompe la maquinaria, que se pierden las convicciones en la sombra y la cicatriz, que la boca arriesga su guitarra en la deriva, su piedra en la mano, su cóctel molotov, su risa. No importa lo demás, la mar hoy es el siguiente paso, yo voy hacia ella, como ave sin mundo, como la primera y la última palabra.
Ya amanece. Hoy es un viaje un poco largo.... según ardan tus ojos en ese papel que flota y le pide una palabra al grito sumergido. Según lo que pidas a la sal, cuando los huesos flacos portan la evanescencia de un suspiro de huracán al desgarro de esa belleza invicta que amamantó el adiós. Hay que tomar por la fuerza el brillo de la luna. Sea lo que sea, no vendrá por pedida, no será lo que dudes, sino lo que puedas volar todavía. Lo que arriesgues sobre el salto al vacío. Lo que aunque no tenga ningún motivo de allá del futuro o de la esperanza, se parta los huesos de risa. 
Detrás de éstas líneas estoy hablando de otra cosa que no quiero escribir. Pero es esa la que me posiciona contra la muerte, precisamente porque esa bala viene contra mi cabeza. Porque hay que asaltar el horizonte y todos los barcos, aunque nunca haya tenido nada. Que no venga el réquiem manipulando el camino. Que acá sólo retumbe el baile. Al abrir los ojos de forma definitiva y pulverizarse en el hueco del cosmos ya no habrá nada qué temer ni que arreglar, ninguna pregunta, ninguna escasez. Y ahora tampoco ha de haberlo. Sólo la vehemencia de disfrutar la inmensidad que el cuchillo eclosiona en esos tambores.
Me despierto, soñaba una historia sobre la libertad, era un personaje como de ficción, y había arrebatos de liberación y placer en un contexto histórico de guerra, aunque no lo recuerdo demasiado. Es muy pronto, me ha despertado el perro. Dentro de un rato, nos iremos hacia la mar. Tengo la sensación de que la felicidad está dentro de la pólvora, que cualquier momento es el último momento. El horizonte ya no es infinito. Hay una eclosión también en los labios de la nada. Un juego de naipes locos, de gritos de crepúsculo en el temblor de esa mano que te agarra todos los desequilibrios en la fiebre de etanol. Todo hierve en la última huella oceánica de tu paso de arlequín y guerrillero.
Ahora sí ya está todo listo para irme. El cielo tiene un color de vértigo, hay un azul cenizo, como si detrás ardiera la noche que parece estar a miles de kilómetros de distancia, con el cueto brillante y la caliza bajo el sol y el sonido del trueno y una nube blanca que se mueve delante y su movimiento genera la eclosión. Es bellísimo. He llevado de todo lo que pueda necesitar allí. Cuando llegas a una casa vacía, sino tienes que gastarte mucho dinero. Y yo no voy allí a eso, voy a la mar y a vivir con lo indispensable, lo más bonito es gratis siempre... Una parte de la lucha contra el capitalismo, es no consumir, sino lo necesario para la supervivencia. Si todos hiciéramos un boicot a través de la escasez, muchos de esos monstruos de la avaricia y las multinacionales que cagan plástico y mierda tendrían que irse. 
Tengo un rato no más.  Hace unos meses escribiría otro tipo de cosas, sobre un día como hoy, me he encontrado muchos sentimientos al buscar las toallas y otras cosas. Ese gorro soviético del abuelo, el neceser de la abuela su peine, una cana suya,  ese hálito borrado en la pared con la espuma de la mar que hablaba de él, el adiós sobre esos escombros, ese corazón que se abre en medio de la nada. Ahora ya no hago poesía con ello. Sólo lo describo. No sé si es por cansancio o por exceso. No sé si es el vínculo inevitable de la despedida o un llanto no llorado convertido entre los pinos en otra cosa que no buscaré.
Allá vuelan las águilas.
Mañana veré gaviotas, cuervos marinos, esas aves patilargas de las nadie me dijo nunca su nombre. Yo no pregunté porque las palabras no saben, no pueden, no tienen ojos.  Los nombres son inútiles, son retrógrados, arquitectónicos, clasificaciones que hicieron los clasificados que siguen haciendo a cuadrícula la prisión del civismo y la clase.  Ya me atormentan los nombres que conozco. Yo debí haber escuchado sólo a los gorilas, a los lobos, a las olas del mar, a los pututús y a los alaridos, a los truenos y a la lluvia y los pájaros y grillos. Todo lo otro me hizo perder un valioso tiempo en tratar de olvidarlo en vano.
todo se va hoy
yo me he ido hace ya la ostia
algunas noches esperaba mi sombra a la vuelta de la esquina donde hay tinto
alguna sólo de oruga y rayo
con tu voz cosida a balazos en una estatua de sal
donde desangro la taxidermia del romanticismo
al amor de algas, de palabras muertas, del tiempo sin cuerpo que lo cante

te conozco hoy mejor que cuando estabas
que cuando te tenía en la vehemencia de no tenerte
te sé hoy más profundo, de muerte y tierra seca
hoy más verdadero, sin la manipulación de mi sexo sobre el tuyo
ni de mi deseo al ejército cenizo de maíz de la distancia

hoy eres, sin castillo de arena
ni poema que te retumbe
ni pintor loco que te reviva entre mi ruina
hoy sincero como la nada
por primera vez tú
sin mí y sin ti
sin la literatura
ni quimera, ni asesinato ni piedad
sin deudas de flores ni de ternura
sin el engaño de la esperanza
sin exigir los beneficios del orgasmo y de la mar
sin ley, sin mañana, sin reciprocridad
sin tomarte como espada, ni palacio, ni orilla, ni infierno
sin venderte humo, ni rosa, ni cuchilla
sin pedirte el canto, ni la vida, ni la muerte
sin darte mendrugos ni cicatrices descosidas ni por cielo ni por hacha

hoy eres tan tú
en todo lo que miro
acá, tan debajo, tan encima
que comprendo que jamás podrías igualarlo ni yo sabría entonces de la luna llena
soy narcisista de la vergüenza ajena
del olvido de los otros
de mi muerte en sus brazos

soy la barandilla de un puerto abandonado
sujetándote la lágrima, donde mi vida no hace pie ni luna

la puta retórica de mi porque existo
atada al tango en tu cuerpo
cuando vos sos polvo y mi vacío

no sé hacer nada para lo que dicta su supuesto verbo
no escribo para la escritura
no te quiero, para tu amor ni la vuelta
no te busco, ni para encontrarte, ni para desaparecerte al fin del poema
no vivo porque vivo
no sé, para para ganar nada del saber, ni sólo por duda y desgarro, ni mariposa verde, ni esa tumba se llevó mi corazón
no camino para llegar ni para irme
He estado recogiendo sin parar, hasta ahora, que tomo aliento con una cerveza fría y un cigarro, puto cigarro. Todavía me quedan algunas cosas. Quiero dejar limpia ésta mesa.  Llevo también café, aceite, patatas, las verduras que tenía, las botellas de soja, la fruta, alguna legumbre. No quiero gastar mucho allá. Aunque sé que vendré con las manos en los bolsillos. Pero quiero estar todo el tiempo posible en la mar. 
No sé dónde estoy. Vivo en una alucinación, vivo en una fiebre que a veces me da la felicidad y a veces el suicidio.
De mi piel te me arrancaste, como un planeta destruido, como la ley de gravedad cosida en un fuego flotante y paria.
Los poemas ya no existen. Evoco el rubor de la ceniza. Las palabras son huérfanas de la sombra que pastan, de sangre y su desembocadura, donde nunca pasaremos del cuerpo ni de ningún camino.
Mis dioses son los árboles, las hierbas, los bichos, las estrellas, la mar. Pero no hay trascendencia nunca, arderse del instante, canta ahora, luego estarás muerto. Lo que no hayas amado desaparecerá contigo..
Tengo que recoger la casa. Temo que cuando vuelva, tal vez en Julio, si la encuentro desmantelada me dolerá mucho más haberme alejado de la mar.
Hoy en el monte, subí por un lugar que no conocía, entre escobas, abedules y pinos. Buscando sendero entre maleza. No sé qué tan lejos miro todo lo que miro. No había ni una sombra. Vi una culebra a un paso de mi paso. La hierba, era tan mullida, y seca, como si estuviera encima de los arbustos, como si allá debajo el vientre de una bestia soñara. Me senté en una piedra allí arriba. Abrí los ojos como si se anegaran del cielo. Luego ya no recordaba por dónde había venido, y muchas sendas no tenían salida porque daban a matorrales y a naturaleza inaccesible. Pero el perro sí lo recordaba.
Nunca se fue la soledad que cosió su nombre en la música de las cosas muertas.
La llevé conmigo, al cáliz de whisky, al bolsillo roto, a la patada en el crepúsculo.
Se quedó cavada tan hondo como el canto que lo quiso.
Lo olvido también con desapego, con el amarillo de la genista, con la lluvia cayendo por mis mejillas.
Lo olvido en todo lo que escribe hacia la lucha, hacia la vida que regresa.
Pero nunca es suficiente irse demasiado. No es posible matarlo del todo de las palabras que desde mi boca en su boca conocieron la anchura de la mar.
Es la hiel y la dulzura del fracaso. Es el absurdo que sigue y ama todavía.
Ha venido la tormenta y el chaparrón. La alegría de la naturaleza. Hacía mucho calor.  Se oyen los truenos y esa eclosión que se compaarte en el pecho y en el canto, inefable, lejana de todas las letras de tu cicatriz sobre mi mano.
Ahora voy a ir al monte. Necesito la vida, necesito un motivo  que no destruyan las palabras, que no haga hegemonía el control de su muerte y olvido, contra lo desconocido que hierve en el viento.
Girar a vuelta de campana, el desgarro de haberos perdido. Sobre las aves que aún vienen. Sobre los perros que aman y la mar que embiste la percusión de lo inabarcable. Bailar, aunque arda en el cielo, invicta esperanza.
Me da alegría irme mañana, de algún modo a lo desconocido. La mar agita y expulsa contra lo abarcable, contra la arquitectura del verbo unido a una senda. 
Aunque noto en mí una melancolía, de barro y paja, de cadáveres amados dentro de mis ojos, hervidos en el puñal que mi grito entrega al crepúsculo.
No sé si es que me he puesto solidaria con la muerte que se acerca a la gente que más quiero. Y he volado 50 años en su busca, atajando el fuego del poema contra mi vida. Sería una explicación demasiado fácil.  Pero como yo aprendí a bailar entre toneles de vino. Se me hace convincente. 
O es que sólo me agarra el verde vivo. O es que mi caja musical ya ha perdido sus réquiems y de viejas y diablos, salió más listo el tiro.
O que me hace llorar la genista y el abedul. O que he amado tanto sin nunca haber tenido un cuerpo para mover de sitio el amor. Que sufro el delirio de las pitonisas en paro.  Que quiero ser yo la muerte el día que me haga falta, y no mover el pomo de la puerta y no conocer las palas, ni pedirla permiso ni piedad.
He cogido unos trapos veraniegos, para la mar, unos vestidos y faldas. Luego llevaré las cámaras, el ordenador para gestionar los vídeos, si es que me sale hacer alguno. Para cargar el aparato de música, y por si me da por escribir el final de Maraiz.  Luego los cuadernos y los bolígrafos. El djembé. El saco de comida del perro. Unas toallas. Dos pares de playeros. Y nada más.
He adelgazado en estos meses como 10 kilos. No sé si es porque me hice vegetariana, o porque se me quitó el hambre de todo tiempo y distancia y muerte al porvenir y al porllegar. 
Me he puesto un pantalón blanco de esos medio transparentes que hacía la ostia que no me lo ponía porque no entraba en él y porque hacía años que no lo veía... . Hubo un tiempo que me gustaba ponerme vestidos blancos. Aunque a los veinte minutos ya tenían manchas de tierra y de hierba verde y quemaduras de hachís. Me he sentido bonita y desaparecida. Muy lejos del amor, muy lejos de un beso en mis labios, de humedad de tierra compartida, de porque te amo yo no lo estoy, de porque existes ninguna muerte causará espanto. Pero ya no duele. Se lo tragaron las acuareles. Tras mi balcón, la cigarra te devolverá lo tuyo. En mí ya no queda nada. Fui cumbre de tu ruina, de tu desmemoria, de tu suicidio. Gasté sentimientos infinitos en borrar las huellas dactilares del gorrión en nuestro mármol. Bebí de las piedras, el vacío de tu cuerpo. Y hoy nada de eso importa, todo se lo llevó la mar.
Mi zapato impar no pregunta por tus balas, ni por la hierba.  Juega a la peonza con la nube kamikaze. Ya no existo en la necesidad de ninguna palabra. La palabra es un accidente azaroso y contradictorio de mi ausencia, de mi deseo. 
Acabaremos volando por los aires.
Seré del todo feliz, si en el último segundo, me vive la ternura subversiva de los perros.
Quiero escribir, otra vez, con abrasión, aunque sea sobre la desmemoria del mármol antes de que llegue la atracción de sus sirenas. 
Escribir sin eje, sin libro, sin fin. Sin para que me quieras. Sin para salvarnos. Escribir creyendo con fe ciega, en la desesperanza de cada palabra al motín del ron de tus ojos o el olvido. 
Todo lo otro ya está muy lejos. Tengo 31 años, y tengo la sensación de que tengo 200 y que estoy en  un sanatorio despidiéndome de las golondrinas.
La gente me es extraña, como extraña mi mesa, esa ropa en el tendal, ese color de mar que veo en las montañas cuando no hay nubes.  Esa postal con tu letra, lijando mi sepultura, aunque ninguno de los dos lo sabíamos entonces. 
Estoy cansada de fingir mi búsqueda de no hacerlo.  Me siento una mentirosa compulsiva cada vez que salgo de mi isla de náufraga. Todo lo que digo, me parece un engaño, de algún otro lado del verbo que arde.
Ya no sé versar el grito de mi hueso.
El poema es un fracaso. La ausencia del poema un suicidio. 
Mi escritura alguna vez, fue un motivo, en la sociabilidad, en la idea y vínculo de humo con la humanidad. Ahora ya no lo es, porque yo soy naturaleza muerta. Porque tiemblan los espejos la sangre de las procesionarias de los pinos.
Tengo que volver a escribir, hacia el tambor en esas uñas de gaviota, y al reverso de tu olvido. Incluir el paso desmantelado, a la calima, al vaho de las montañas en tus lienzos caidos. Nutrir los sueños, aunque sea la expulsión de lo concreto y de lo asible. 
No es bueno éste andar de niebla, sin huella ni raíz.  No es bueno cuando ya da todo igual. Y la voz es humo, y el humo es también la reproducción del diente de león, del evaporar del charco, de tu amor y de tu muerte. 
No sé caminar contra mi exilio. Creo que mi problema no es ese, es la metafísica de la escritura, la imposición de sacar paladas de tierra, remover, soldar la ausencia y la flor en sus tumbas de mil años de distancia sobre el hielo de tu boca.  Cuando no hay tregua, cuando el amor que canto es también su réquiem.
Hoy tengo que recoger algunas cosas para el viaje. Dormir en la ciudad, y mañana irme. Ayer no escribí nada desde las 3 de la tarde. Estuve escuchando canciones de la revolución de distintos pueblos y épocas, llorando y gritando de alegría y tragedia.... estuve viendo vídeos de gente que está en la lucha. Estuve durmiendo como si estuviera muy cansada, sin fuerza para conocer el nombre del sol. Y luego fui al monte... anduve metiéndome entre zarzas y medio escalando ciertos sitios, porque quería llegar a una piedra a la que no me fue posible llegar, porque había un terraplén vertical de piedras, por las que el perro y yo patinamos. También me metí a la vera del río, entre ortigales y arbustos, de cuclillas bajo los árboles. Tenía un grito de desesperación, de abismo, de soledad, un cansancio tan punzante que traté de luchar contra él, moviéndome como las cabras.  Luego por allí, cerca del río, encontré una botella de plástico de dos litros, y la llevé a la fuente y estuve regando unos chopos. Es Mayo y casi no ha llovido. Ese agua brota y brota y pensé que era mejor llevarla a los árboles. Estuve hipnotizada por la hierba, por su comer y beber de la tierra y del sol, por su tacto, por su belleza. Me pareció asombroso. Me pareció extraordinario cada árbol y planta. Me pareció casi una alucinación que toda esa vida estuviera allí. 
Me sentía enferma. Como si fuera a morir. Como si todo se alejara y el poema ya no tuviera sed ni ganas, nada qué decir.
Anoche tuve una pesadilla. De esas que parece que son reales.  Yo estaba en el patio de la casa, había otra gente estábamos regando las hierbas... y por alguna razón el mango de la ducha, salía por la ventana y regaba y empapaba el patio y nuestras cabezas.  Nos íbamos a marchar de la casa a un viaje y alguien dijo que había que apagar ese agua. Cuando fui a las ventanas, el mango de la ducha estaba agujereando el cristal, pero el agujero de la ruptura, era de su parte más entrecha no de la campana. Eso me causó algo de espanto, de rareza.  Y lo quité, no sé cómo y seguí por las habitaciones recogiendo o qué sé yo. Y luego volvió, él sólo, como algo de fantasmas, a hacer otro agujero en el cristal y a echar agua. Y empezaron a pasar ese tipo de cosas paranormales. Yo me empecé a decir que era el Diablo y que debíamos irnos cuanto antes, recogí al gato Hierro y a mi perro. Al gato lo llevaba en unas mantas. Y lo metí al coche. Y mi hermano conducía pero él no se creía la historia. Y nunca se movió ese coche de sitio. Llegaron 4 tipos en representación del diablo. Mi hermano y el resto de la gente que venía fue asesinada, desaparecieron.  Había rastrillos y otras herramientas de agricultura con la que esos hombres querían matarme y yo les golpeaba con ellas, pero iban tan despacio en el aire que era imposible hacerles daño. En algún momento le dieron con un palo a mi perro y yo lo llamé y vino corriendo y se metió en el coche. Uno de esos tipos me dijo, que me acabaría cansando y sería suya, y perdería, que a todos les pasa eso, que moriría una y otra vez, y ellos son eternos, que es cansado morir y morir y encontrarlos siempre y no poder destruirlos nunca. 
Eso me hizo despertarme y fumé un cigarrillo en la galería. Me desperté con algo de temor. Como si esa pesadilla estuviera a punto de empezar otra vez.
Hace un calor de la ostia. En el monte, me encontré con un pescador que me preguntó que si el puente era seguro para meter por ahí el coche, yo le dije " pues no lo sé, nunca he visto ningún coche cruzarlo, pero oye tú prueba que igual aguanta" Y dijo "no mejor lo dejo de éste lado". El perro y yo seguimos hacia una sombra. Y cuando el pescador se movió, Kavka fue ladrando y corriendo hacia él. Lo llamé y lo agarré un rato. Pensé que no me causan ninguna simpatía los que matan animales cuando no es por supervivencia y necesidad, y tuve un instinto de ataque hacia a él, aunque luego pensé que ese hombre, venía de lejos, me pareció de ciudad, venía solo, con esos pantalones de goma, estaría tal vez 4 o 5 horas en el río, en la naturaleza, en la soledad, y como mucho pillaría tres peces. La gente de a pie, no hace tanto daño a la vida, lo que lo hace es el capitalismo y la usura, el negocio, el mercado, los gobiernos y sus decisiones privadas para sumar banca, las multinacionales. Me gusta la gente que va a sola y mira el río, o el mar o los árboles.  Tal vez ese hombre estaba harto de su trabajo, de su vida, tenía sufrimiento, y vino a buscar respuestas en el río, y pescar sólo era un excusa, tal vez luego devolvía los peces al agua, porque no eso era importante, sino largarse de la urbe y del ruido y de la enfermedad de la civilización.Lo que no soporto son los cazadores, ahí sí soy radical, no soporto la cobardía de un arma, ante un animal libre, cuando la vida salvaje cada vez es más precaria, un zorro, un jabalí, un lobo muerto, un ciervo abatido, eso sí que me da deseos de ir a meterles la bala a ellos.
Luego estuve plantando semillas, hoy el viento provocó la sensación de una nieve de verano. Luego fui al río y me quedé un rato, como hablando con las hierbas y el agua.
Al regresar le eché 10 kg de pienso a los gatos, porque mañana me voy y tardaré en volver. Y estaba Tramontana en una cama de heno que yo les hice alguna vez.... había parido, tenía 4 gatitos recien nacidos mamando, dos eran naranjas. Parió ayer a la tarde o ésta noche. Me estremeció de alegría, aunque la gata se puso algo alerta ante mi presencia y no quise incomodarla. A las gatas no les gusta que nadie toque a sus cachorros ni meta allí el hocico. Y tenía miedo de que me sintiera un peligro y que los cambiara de sitio, así que mantuve la distancia y enseguida me fui, cerré fuerte la puerta para que nadie entrara, ellos tienen una salida, por el agujero de las gallinas de antes. Mañana la compraré otro tipo de comida sólo para ella, más nutritiva, porque la necesita.
Necesito liberarme, eclosionar, romper la atmósfera de papel, del control de la manipulación del olvido en su armonía, de exceso y de ausencia. Recobrar el candor de lo vivo, aunque ya no tenga escritura ni la asimilación de ninguna senda ni cuerpo. Voy a éste viaje, como se va al último lugar antes de morir y echar el vuelo. Con la posibilidad de empezar lo extraordinario o pulverizarme ya del todo de infinito y mar.
A veces mi voz se cansa. Quiero el agua fría, la desnudez, el aquelarre ácrata en la playa. Tragarme las estrellas, aunque nunca regrese. 
He venido arrastrando multiplicadas despedidas. He llegado a ese lugar de la escritura, donde ella es inútil y retórica, porque lo que hace falta, es una bala que bailar y apedrear sobre los cielos, junto a lxs oprimidxs. 
Me he desapegado del vicio de mi yo, de su importancia, de su pala y de su agujero. Aunque su sombra me acompañe.  Me he aislado afectivamente de todo lo que abría una puerta comunitaria. Un mañana para mí.
He andado entre el cielo y el infierno, entre el suicidio y el delirio de la belleza verde.  Llevo un mes en éstas montañas. Me da asco y alergia la ciudad. A veces se me olvida ser persona, y poder tener una mano en mi mano, y un sentimiento humano en m corazón.  Y sin embargo me estremezco hasta el llanto y el grito, en la ternura subversiva de los animales, de la furia del agua, de la resistencia de la mar contra las civilizaciones capitalistas. 
Mi pasado no ha dejado matriz, ni patria. Los desengaños son aves de blues. El manicomio, las drogas, las peleas con la policía, han pasado como hace 200 años de la palabra de los tordos. El amor en mi piel me lo dio la mar y no los hombres.  La complejidad ésta harta de la metafísica. Ya no quiero escribir ningún libro que valga la madre de mis ahorcados. No creo en las obras, creo en los actos. Las obras nacen de la burguesía. Los actos nacen de lxs indomables, de los vivos. El mejor poema es físico y de fuego. Es una historia, su carcajada, su llanto, su vómito y su ardimiento...de los que nunca la escribirán. La poesía no se escribe, se vive. Lo sé. Y escribo porque estoy sola y nunca he sabido estar acompañada. En mi puto reino, mis palabras son señales de humo hacia el diablo o vete a saber qué mientras en mi barco, las ratas y yo, los perros y los aullidos, buscamos la galerna. No me tomo en serio ninguna línea. Nada me llevará a puerto. Lo hago por fracaso, por romanticismo, por dadá, por sin pena ni gloria, por olvido.
He estado medio dormida... he tenido visiones en el ensueño, eran mágicas, medio tenebrosas y a veces muy bellas y surrealistas, había un objeto, como un rodillo de pan que salían hojas de libro y luces de sol en llama en alguna de las zonas. Había un movimiento de la distancia a la cercanía, como a vista de pájaro, y a toda velocidad, un lugar dónde se movían insectos, y luego había como una célula roja que fusionara el paisaje y lo rompía. El paisaje parecía a veces correr e ir al detalle microcóspico y expandirse y eclosionar. También mi rostros, una especie de campesino que se tumbaba con una hoz y luego se convirtió en piedra.. como la atmósfera y se quedó allí dentro como una escultura bellísima. Había brujas bailando, monstruos, calaveras. Yo estaba despierta, hoy los pájaros, el perro que ladró, un moscardón volando por la galería pero todo eso se volvía un fractal en el ensueño.
Hoy estoy quieta. Como con una náusea de la fotosíntesis en la materia inerte. Pensando con la goma de borrar, con una mesa flotando en el lago y un cuervo encima. Me vienen muchos pensamientos, políticos, algunos recuerdos de manga arremangada por fuego, de grito dadá entre los coches anegados de hormigón líquido. Del caos endémico de mi escritura, de la idea rota de la solidez de un paso cuando el camino sólo es viento. Mi mente viaja por muchos sitios que la escritura no quiere recoger. Tengo una atracción a la huida del ocaso en la sal. Una detención del verso. Una especie de cansancio paria y musical.
Tengo muchas ganas de la mar. Ella tiene algo que sólo se provoca en ella. Ni la nostalgia enamorada lo recuerda. Ni la poesía sabe evocarla. Ella interviene en su posesión, y cuando me voy de ella, aunque juro no olvidar, lo olvido.  Estoy emocionada también porque será la primera vez que Kavka la conozca. Y de nadar con él. Y amar la mar en los ojos de los perros. Siempre que he ido a la mar, he encontrado motivos para vivir y respuestas y movientos que se hicieron la médula de mi camino, aunque no tuviera ni suelo ni futuro.... Si alguna vez comprendí algo fue dentro del mar.  Me embriaga su olor, los bichos de su orilla, las algas, me quiero más a mí y a la vida y a la gente y a las canciones, cuando estoy en la mar. Me quito los fantasmas, me sano las heridas, recupero el fuego de las ganas de seguir, y no es inalcanzable la idea de volar.
Soñaba un poema que hablaba sobre los tordos.  Me desperté hace ya dos horas, no sé qué he estado haciendo, tengo la sensación de que sólo han pasado 10 minutos.  Los pájaros cantan...la luz quema la textura que esa palabra embriaga donde ocultaré el motín de tu olvido.
Mañana me iré, tengo que recoger de la ciudad, alguna mochila con ropa. Y el viernes ya estaré en la mar. Tengo que limpiar la casa un poco antes de irme.

Ayer fue una tarde extraña. Estaba llena de gritos. Salí al monte en busca como de un milagro. Del deseo de jugar, de soñar, de creer en lo Imposible. Y en un momento emotivo del soliloquio, cruzó una semilla de chopo y al abrir la mano se quedó en mi palma. Así que fui con ella, como si llevara dentro ese milagro y todos los sueños, a plantarla en la tierra. Kavka me ayudó a hacer el agujero. Y luego planté otras 5. Las regué tomando en la boca agua de la fuente. Sé que esas semillas de chopo, muchas veces son estériles.. y el árbol se suele reproducir de forma vegetativa. Pero en mi patio nació un chopo una vez por una de esas semillas.

Luego me di cuenta de que yo me había vuelto alguien triste, que había traicionado a mi niñez. Que en el fondo ya no jugaba, tenía demasiados verbos dentro, demasiadas teorías del hambre y de la decepción, del escepticismo, de la misantropía y lo empírico del daño y del iros todos a la mierda.. Y me dije "a jugar se aprende jugando". Y empecé a tratar de hablar con mis juegos, e hice un intento como si estuviera delante de mí un visigodo y yo fuera una espada abandonada tirada en el suelo. Pero no me funcionó del todo. No me entregué al juego. Así que empecé a andar rápido, y a decir lo primero que se me ocurría, que fuera divertido, absurdo, que soñara,  que no filtrara en mi pensamiento. Y luego nos fuimos el perro yo al río. Sentí algo mágico al caminar por ese sendero tan estrecho rodeado de inmensa vegetación, casi no había sendero, había cicutas muy altas ya en flor, y esa especie de repollos abiertos con hojas muy grandes de verde oscuro y flores amarillas y moradas y azules y rojas, yo caminaba y sus colores empezaron a eclosionar, a amarme, a estremecerme.  Y luego estuve mucho rato mirando el río, sentada en una piedra, y vi unas truchas saltar. Y a la vuelta, hay un lugar que me gusta mucho, porque la perspectiva cambia radicalmente, la vegetación en la distancia da un lugar de que ya no existen las civilizaciones, es como una isla entre la selva. Hay una especie de círculo de unos 20 metros, y hace que todo lo otro ya no sea conocido, sino extraordinario. Y allí estuve bailando con unos palos y tratando de que Kavka no me tirara al suelo. Y eso me hizo feliz, bailé de forma extraña y mutante, moviendo los palos como si fueran una extensión etérea de mis brazos, como si esos palos si recordaran todos los sueños de mi niñez.
He visto pasar una bandada de buitres, volaban al principio medio bajo y muy cerca, cruzaron como 20 en línea recta, separados cada uno unos 40 metros... como un buque anarquista en guerra, como las balas de la montaña, como el corazón de la noche en llamas. Y no encontraba la cámara de vídeo, estuve 15 minutos buscándola, subiendo y bajando las escaleras, pensando que tal vez se me quedó en algún prado y que la había perdido. Pero luego la encontré , y pude grabarlos pero ya estaban disgregados, había unos 8 y volaban demasiado alto para captarlos nítidos con la cámara. Eran tan hermosos. Son las aves más salvajes y bellas de entre las aves.
Recuerdo una vez un tipo.... que me habló de no sé qué fiesta de gente rica y no sé qué manera tan hermosa de bailar el tango, un matrimonio en sus bodas de oro, y habló de esa cultura y ese saber moverse y ese bailar y arte, que no tienen los catetos que nos rodean. Y me habló de los Ilustrados.  Y él estaba de camarero, en ese hotel de lujo. Yo le dije que los verdaderos ilustrados tienen conciencia y no dejan que se muera de hambre medio mundo, que los que tienen cultura tienen dignidad y no esa gente y que esa puta era del ilustrismo fue la traición de la jodida burguesía a los revolucionarios, y esa gentuza ha vivido a costa del analfabetismo que han propagado al pueblo. Y todo esto lo dije con muy mala educación y muy poco ilustrismo, a voz en grito escupiéndole la cara, al decir la A, en la puerta de ese bar.
Hoy en el monte,  fui feliz, tenía ganas de bailar, como bailan los dibujos animados. Dando vueltas de rabo de nube con los brazos abiertos, rodar en la hierba, amar, qué sé yo qué, pero algo que llegaba como viento. Luego nos echamos a la sombra, el perro y yo. Comimos una manzana. Frotamos el Imposible y lo llegado, en un canto de tierra.
Me sentí cachorra en la alegría del perro, del árbol, de la montaña.
Vi una mosca muy hermosa, tenía las alas como un murciélago y era muy negra, negra brillante de ojos de luna, yo nunca la había visto antes. Veo muchos insectos que nunca había visto, porque ahora estoy más cerca de su casa y de sus destinos que antes.
Sopla viento verde. 
Cambian las distancias. Mi lapicero arrastra en el absenta de tus ojos, el canto de los tordos en la noche.
Quise haber sido sólo hija de la tierra. Remo en la mar por la mar. Respiro campesino bañada de barro y cicatrices, piedras para defender la hierba del asfalto y las balas. Lengua de madera al grito del bosque.
Pero vine a cargar aquí mis huesos en otra nada.
A ventilar horfanatos en mi pecho.
A amar lo que huye. Lo que desconozco.
Agarrada al humo del callejón manipulo con tiza y sangre, mis engaños de pies sin suelo.
No acepté mi historia ni la historia que me contaron. No creí sólo en mis ojos. No agaché el verbo ante los dictados que vomitaron sobre mí para que nunca supiera. Mi palabra fue pisotón en mi palabra. Hueco. Lazo que extraño ataba el horizonte a un latido desaparecido en mis entrañas.
Ya no creo en mi escritura. Escribiré porque sino me mataría, y aún no quiero morir.  
No creo en mis obsesiones de salvia divinorium, de fotosíntesis de sal, de mi amor de borracha con el piano quemado en mi lengua, ni el canto a la metafísica, ni al existencialismo, ni a mi paradoja que ha nacido del aislamiento y la ausencia de activismo político.  Me la suda el psicoanálisis, la mística, la introspección y su producto,la física cuántica.  Es del todo irrelevante lo que nace de mi niebla, del agujero del árbol de mi Alicia. Me da igual el conocimiento bebido de mirar a un pájaro a una tumba.
Lo único digno, es la lucha junto a lxs oprimidxs y por la revuelta y justicia social.
Todo lo otro es caca de la vaca.  Paja mental de burgués y de ciego y de cobarde. Pasatiempo. Vergüenza, esperpento e indignidad. 
Si alguna vez logro romper el asedio de mi puta desaparición en la atracción de la cucaracha de Kafka y vuelvo a la tierra, lo haré con piedra en mano para volver junto a lxs que luchan. Ese fue mi primer sueño, lo único que tuve claro, lo que me hizo amar y llorar, pelear y moverme. Lo que me quemó los ojos y las venas. Ninguna conciencia, ningún camino sirve para nada, sino es para ir a tomar el pan junto a lxs que no lo tienen. Esto lo supe, a los 12 años.  Luego me volví loca. Me fui tan lejos de lo humano que no pude luchar mano a mano con compañerxs. Me sentí abortada de mí y de toda humanidad. Y me vi obligada por fracaso a escribir poesía. Lo sé. Lo sé. Es mi espina. Es mi puta herida. Mi maldición.

sin el sur, sin corazón ni ojos

Todo es raro. 
Entre la alucinación y el espejo convexo del desgarro de la lluvia y la eclosión de la llama.
Son tiempos convulsos, ahí afuera la guerra no ha cesado nunca. La democracia es la guerra fría del fascismo y sus crímenes en los medios de comunicación huelen a ambientador-pur.  La paz social de los paises capitalistas, es la reafirmación de sus armas contra la justicia social y la revuelta, su prisión llena de flores y la palabra libertad y justicia, escrita y vociferada por pantallas que han destruido los significados y su dignidad..., es el frente ganado por la dictadura económica. Su paraiso fiscal para blanquear perpetuamente dinero negro y cadáveres,  su escuela de autómatas, de carne de cañón, de los nuevos esclavos que se creen libres porque compran un smartfon y camisa nike porque tienen yogures danone en la nevera, porque tienen un título universitario, una buena posición, o porque aunque sean obreros buscan ser burgueses. Porque defienden con libertad y ética, el egoismo, el sueño americano. Porque no hay que mirar al sur, sino al Corte Inglés. A la copa para beber con el dedo estirado, y si lxs hambrientxs y oprimidxs,te dan problemas de conciencia, das una limosna a una ONG que vive por y para la limosna perpetua, o cambias de canal, pones la telenovela, o dices que los políticos son todos iguales, que ellos se debían de encargar de arreglarlo que no nosotrxs no somos nada, o ruegas a dios por su alma, y bajas la cabeza, la persiana y te fumas un puro. 
He encontrado un olor recurrente de la casa de mis abuelos paternos en mi niñez, dentro de una habitación de acá. Ese tipo de olores tienen un poder tan sugestivo y punzante y hermoso que abren en la memoria todas las ventanas de la primera metáfora.
He estado apapachando al perro. Lo adoro. Lo muerdo. Lo aprisiono. Lo tiro al suelo. Y él se pone a veces panza arriba aguardando a la que acaricie la panza.Y a veces quiere pelear. Le beso la nariz. Lo quiero infinito. No ha crecido mucho, es un perro mediano, el Thor debía pesar 50 kg. Kavka sólo pesará 30. Puedo cogerlo en brazos. Y a veces cuando estoy en el sillón se sube en mi regazo como cuando era cachorro. Desde que era muy pequeña adoraba a los perros. Si veía uno a lo lejos iba corriendo para alcanzarlo. Mi madre me contó que cuando tenía 4 años, había un mastin en una finca ladrándonos agresivo y que yo metí las manos en la verja y lo agarré la cabeza y tiré de sus mejillas y se quedó totalmente tranquilo, que ella tenía miedo a que me mordiera, porque ella ya era adulta y los perros son como los niños. Son siempre puro corazón. Mi abuela paterna tenía mastines y yo me subía en sus lomos como si fueran caballos y me llevaban a pasear.  Los perros siempre me dieron esperanza, ternura y alegría. Cuando sentí a la humanidad como una prisión y puro hielo, yo me iba con los perros.. y ellos siempre tenían una estrella para volar.
Me despierto, todavía medio dormida. Soñaba algo del capitalismo
Suenan los pájaros. Se desliza un canto de fuego. Pregunto a mis distancias, a las palabras, a los motivos.  Al hueco que embruja tu mágico deterioro en ésta vieja memoria, arrugada de fraguas que no acabaron bien al final del camino que rompió en tus ojos las manecillas de mi tiempo.

Mi vida es una continua desclasificación de mi yo frente a la cultura. Del exterior en la lija del papel
El soliloquio ama en el crepúsculo lo que mi piel olvidó.
Voy como un animal de lo que ha hecho la civilización a lo que habita en el fuego de los pájaros. Golpeando antipátrida mi embargo de luna, sin ellos, eternamente.
Vivo en la contradicción perpetua de mi cuerpo marginado y el zumo de la rosa. 
Me tomo hacia la arista del horizonte como sombra desaparecida que entre las esquelas desentierra el peso de una voz.
No mido. No sumo. No me dan las en punto, nunca son las pares cuando se trata de dos. No hay ganancia. No hay armonía. Desconozco el nombre de las estrellas. No hago puerta. No hay camino de ida ni de retorno. No hay ningún oficio. Escribo, sólo escribo y cada palabra ya ha quemado antes de nacer su importancia en mi pecho. Se desperdiga, inevitable, hacia la deriva amotinada de vivir entre olas y vacíos.
Vivo de una pensión por loca. Limosna estatal, que me la tomo como justicia, como venganza por sus oscuros hospitales militarizados y fascistas. Porque el estado es jerárquico y capitalista, y arrimar el hombro es bajarse los pantalones. En otro tipo de pueblos, arrimar el hombro, es ganar dos brazos y es honesto y urgente. Aquí no. Aquí es echar tierra encima y levantar tumba.
Defendí mi derecho a no participar en el sistema desde que amé la luna. Fui de rama en rama, de agujero en agujero. Busqué una isla. Conocí el infierno, el amor y las despedidas.
Nunca pasé hambre.  Aunque hubo tiempos díficiles, tiempos de no pagar el alquiler, ni la luz, ni tener monedas para un billete de tren, ni leños que echar a la estufa. Nunca olvidé a aquellos que no tuvieron pan ni techo, aunque cantar al derecho al pan, no es lo mismo que ir a tomarlo junto a lxs hambrientxs.
Me volví egoista de mi agujero negro. Cuando la soledad era el único alambique que muy adentro no quería pegarme un tiro. 
Me nací Franquestein, y todo un cúmulo de gente que por azar y por vivir en una alcantarilla con luces de neón y ambientador y publicidad matando sus neuronas, me recordaron y me aseveraron y continuamente. Me alcé Franquestein y aprendí a quererme sólo en sus brazos. Y a ladrar en su pasión.
Asimilé en mi inconsciente, por trinchera y por ruina, que yo soy antiquerible, antimatrimoniable. Que siempre me voy.  Que el amor de los otrxs, es un cementerio que en mi vagina hará vudú y volverán los cuervos a llevarme a la mar. Esto fue por lo empírico. Por lo que abrió el poema en los pozos.

No soporto que se frivolice con la lucha de lxs oprimidxs, para generar confusión y desesperanza, disgregación, que acaba alimentando a lo retrógrada y al capitalismo y a la quietud de los pueblos. Como pasa con lo que dicen de Venezuela y otros muchos sitios como la Izquierda Abertzale, la lucha de los Zapatitas, de los Kurdos, de los turcos, de los anarquistas de cada grano de la tierra...... Me jode mucho todo lo que oigo por ahí, como un runrun que la gente ha captado de la antena parabólica y de los medios imperialistas, sin tener ni puta idea del pueblo y la historia real que están tratando de manipular y romper y convertirla en el olvido, porque los temas históricos y políticos llegan en los noticiarios, convertidos en literatura del eslogan de los bancos, quieren destruir el presente y la verdad, porque ese tipo de verdad pone en peligro su imperio, porque la justicia y la rebelión puede tomar efecto dominó y reproducirse y despertar la dignidad, entonces buscan la confusión, la burguesía extendiéndose en el deseo de la clase trabajadora en lugar de la lucha de clases y esa ignorancia y traición a sí mismxs disfrazada con estreñida moral........ y la verdad llega filtrada y rota entre la mierda de los censores para que su mierda permanezca...y lo que me jode es la ausencia del querer saber y la estupidez de repetir consignas y elaborar teorías que se han formado sobre una mentira y una deformación que ha escrito el imperialismo y el control de masas para forjar la "estupidización ilustrada" que perpetue el estado represor y la dictadura económica.Tener opinión, sin criterio, es lo que está de moda, sino nadie votaría en sus urnas.. Para tener criterio, primero hay que conocer nuestra ignorancia. La ignorancia es un motor para buscar el conocimiento y la información. La información está vetada en los medios de comunicación oficiales, aunque como son tan esperpentosos y demagógicos hasta la estupidez y el vómito, a veces al leerlos y conocer la voz del enemigo se hallan señales, sus propios modos operandi, su porqué lo hacen realmente y qué pretenden con ello y desvelan sus intenciones. Es como una metonimia en la lectura, una metáfora retorcida. Pero para hallar el otro lado, hay que ir a los medios subversivos. Y a la voz directa de distintas pluralidades del pueblo que está viviendo esa realidad.  Aunque en algunas circunstancias la censura impedirá saber muchas cosas. Muchas revueltas y activismo y presxs y asesinadxs, cada día, lo son en silencio.
Ya es casi de noche, y cantan esos pájaros que a éstas horas se oyen mucho más que bajo el sol. Son como esa persiana que se baja, pero en la naturaleza siempre lo hace abriendo y no cerrando. 
Mi corazón a veces puedo imitarla, al tratarse de tu pared y de tu llave. Allá donde aullar el desgarro, es nadar bajo la luna. Donde confluye el espanto y la esperanza, en un violín sin prejuicio. Sin moral-soldadura ni castración ni hegemonía ni yo tengo la razón ni qué puta no se vende, si por perdida aprendí a cantar.

No junto monedas.
Nunca olvido el grito de las presas y de los hambrientos, aunque yo tenga pan y pueda ir y venir. Aunque escriba sobre los pájaros.  Aunque me dedique, por fracaso, a la alegría de la sal y del bosque. Aunque me aisle y me vaya. Ellxs son la espina. La insolubre espina que mueve los pasos que doy en la tierra. Aunque casi nunca pare por aquí Aunque no me baje de la rama de mi sapo del desvelo.  La libertad de lxs oprimidxs y la lucha contra los verdugos y sus instituciones multimullinarias, es a lo único a lo que puede ir el corazón, si tenemos conciencia, si vale de algo la humanidad y el pensaiento...., sólo puede ser hacia la justicia y libertad social, a la igualdad, a que nadie se muera por el pan que en el primer mundo se tira a la basura. Y que no tenga casa, cuando hay miles de edificios vacios y embargados por los bancos, en su propiedad, o baja la espuculación urbanística.. Que no se haga negocio con las necesidades básicas, que no se saque beneficio de los muertos, que no asedien la voluntad de los pueblos los mercenarios.
He salido por ahí, ahora me gusta tomar esa senda hacia el norte, al oeste del río. El otro valle al que iba, está la hierba muy crecida y los segadores, irán en verano. Kavka y yo ya hemos hecho muchas sendas de cabra y espirales pisando la hierba. Hoy me sentí especialmente jóven, sana, tal vez por esos amigos con los que hablé, ese latido de vino de verano, de esperanza, aunque no exista en lo empírico ni en lo filosófico, sino al dadá, a la esdrujulidad de una pasión sin frontera ni raíz. Caminé rápido. Corrí. No me cansé como en la mañana. Y por allá arriba, en medio de los pinos, hay una isla secreta, es un poco triste, porque está hecha con pinos cortados y tirados allá, y hay unas antenas de la luz que rompen el bosque. Pero aún así hay una sensación de estar en la placenta.  Para entrar allí anduvimos como las cabras, porque yo quería ir por el camino más rápido, pero los pinos muertos, las escobas y el cauce entre esos montículos, hacían díficil pasar, así que anduvimos al seseo de serpiente y luego retrocedimos para coger el camino más largo. Pero es muy divertido ronronear en la maleza. Allá me senté en un árbol muerto.  Sentí tanta inmensidad, al estar rodeada por pinos que daban sensación de infinito, de paraiso, de buque verado en el crepúsculo.... Y aquella mata, era mágica, era mullida como colchón de heno y grito de nube, tenía ese suelo de millones de hojas de pino, y una rugosidad vertical hecha con escaleras que hicieron los viejos árboles que ya no estaban y el curso del agua en la pendiente y al rodearlos.....  Era tan bonito... que tuve un instinto de correr en una especie de circunferencia amorfa, subiendo y bajando esas escaleras, y Kavka corría detrás de mí, parecíamos dos chimpancés, saltando troncos y acertando el pie entre los peldaños.. Y yo cantaba algo raro, sobre la escalera de los duendes. Y luego al mirar la antena de la luz, grité "malditos" y lo volví a gritar a pleno pulmón, con voz ronca, como un mantra, como una expulsión del grito y la rabia, de lo que representaba esa antena, contra el bosque, contra nosotrxs, contra todxs.. Y Kavka se puso a gruñirle a la antena y ladró hacia allá.
Luego salí de allí y seguí la senda. Vi tan bello el pueblo y los montes. Me sentí feliz, sana. El atardecer ebullía opio y violines. Encontré un nido caido... era hermosísimo, en algunas zonas era muy verde, tenía también alguna hoja de árbol, y una especie de pelos negros, a cientos, haciendo un cosido extraordinario. Yo nunca había visto un nido que tuviera colores verdes, como de musgo. Lo olí y olía al hogar que siempre soñé. Me lo iba a traer a casa para ponerlo debajo de mi almohada, pero luego pensé que tal vez algún pájaro lo pueda usar otra vez y lo dejé allí.
Jugué con Kavka. Correteamos. Cuando se quedaba atrás yo corría a toda velocidad y como era cuesta abajo cuando me alcanzaba tardaba un par de metros en poder detenerse. Ahora ya no me tumbo en la hierba para que no se me suban las garrapatas, me tumbo en la tierra. Y allá abajo estuve un rato panza arriba... feliz otra vez. Como si la vida se multiplicara en la naturaleza, aunque yo ya no tenga camino, ni me importe casi nada de mi hacer o no hacer, ni el futuro. Como si en algún lado, el amor abriera la agitación del agua, del fuego, de la tierra. Y todo recobrara la armonía de la deriva y la pasión.
El abedul cuelga ese raro fruto, que no es fruto, ni es flor, ni es hoja. Pero lo convierte en semilla de lluvia, en exaltada cascada de viento, abrasión de silencio, portaminas de distancia apretada como un beso y un cuchillo en el corazón.
A veces todo es un sueño. El potrillo duerme espanzurrado en la hierba, la yegua pasta, vela el infinito del universo.
Cuando soñé que hoy moría. Pensé que nunca aguanto muerta en el sueño. Que nunca llego a imaginar qué es la muerte, que justo cuando muero abro los ojos. Eso me hizo recordar la muerte del abuelo, el cuerpo aferrándose, temiendo saltar a la nada, chupando hasta el cosmos el último hálito.. Me dio algo de miedo ese instinto. Saber que ese instinto a veces provocaba sufrimiento. Aunque también asalta de estrellas lo distante.
Cuando murió el abuelo, no lo procesé. Tuve durante varias noches, pesadillas donde el abuelo moría y moría y moría y no acababa de morir. 
Eran las 2 o las 3 de la tarde. Mi madre bajó a fumar un cigarrillo con mi viejo. Yo me quedé al lado del abuelo, el abuelo respiraba muy despacio, tenía mucha fiebre. Movía su cabecita como para agarrar un gorrión al respirar. Luego cambió, y su rostro se movió de sitio, yo le agarré fuerte la mano y empezó a morirse, hizo algo raro con la mandíbula, que me espeluznó, la apretaba varias veces como mordiendo toda la tierra y toda la luna. Yo le agarraba fuerte la mano y se la besaba. Luego se quedó quieto. Y yo me quedé muy quieta. Luego llamé a mi viejo y le dije "creo que el abuelo ya no respira, díselo a mamá y subir". Mi madre se puso muy nerviosa y dijo que ella no estuvo cuando murió. Yo le dije que sí, que él la oyó, que su corazón latía todavía.. Dije que estuvo como un pájaro todo el tiempo, en paz, en total calma, como cuando ella llegó..... No hablé para nada de ese mordisco de la mandíbula sobre vete a saber qué agujero negro, qué mar.  No hablé de la violencia del cuerpo ante el cosmos, ni de ese vértigo que yo sentí y no comprendía.... Luego fue todo muy frío, vino gente, de forma rutinaria, a vaciar la habitación. El enfermero que entró a por el abuelo, dijo sonriéndome ¿qué tal?.  Les dije que bajaran que yo bajaba las cosas del armario, que me esperaran en el coche. Grabé con la cámara la habitación vacía. No pude llorar. Por alguna razón robé un bote de yodo y no sé qué otra cosa. Miré la ventana que había mirado durante 4 meses. Miré la mesa en la que escribía con la ausencia del abuelo. Miré  vete a saber qué cosa...
Estoy organizando unas revistas de Tiempo, Ajo Blanco, El Viejo Topo... estaban tiradas de mala manera en la habitación de los trastes. Junto con carpetas y papeles de la universidad de mi madre, oposiciones,  unos libros del Método Silva, panfletos de películas medio clansdestinas en su juventud, cuartillas del marxismo. Yo había entrado allá, para buscar esas esterillas del camping, para hacerle una cama a Kavka para cuando nos vayamos a la mar, me preocupa algo que el perro le muerda los muebles a la señora. Esas esterillas estaban clavadas con puntas haciendo de pared en un estante, las puso allí el abuelo y sus inventivas. Tuve que vaciar la estanteria. Y al leer algunos de esos papeles, tuve una melancolía empática de la melancolía de mi madre. Su letra enviando cartas para encontrar trabajo. Poemas fotocopiados entre las hojas. Panfletos de la CNT. De juventudes antifascistas, de memoria-histórica. Que tal vez cogimos juntas alguna vez, hace ya mucho, al ir a charlas y manifas. Sentí que estaba tan lejos la esperanza de allá. Sobretodo al ver su caligrafía.  También leí un informe de un alumno y los métodos de enseñanza de un colegio privado y liberal, de esa burguesía de izquierdas, un colegio en el que ella trabajó antes de que yo naciera, al lado de la mar en Cantabria..... Al sentir la pasión de ella al escribir sobre una enseñanza individualizada y amorosa hacia el emponderamiento del propio saber del otro. Y al leer el nombre de ese niño, y su rebeldía, su rabia, su agresividad, en esa mirada comprensiva y política de mi madre, tuve un deseo de buscar por google a ese niño y escribirle, sentí mucha simpatía por él...... que tendrá hoy 50 años o vete a saber, tenía un apellido vasco y un nombre muy bello que nunca había oido. Pero luego me olvidé de la idea. Encontré nuevos papeles, con tantas historias y todas como bala rasgando lo inalcanzable. 
Luego anduve cosiendo las esterillas para que fueran más mullidas, hice agujeros a cuchillo y cosí con cuerdas y nudos.
Ayer, antes de que ella se fuera, fuimos juntas al monte, hablamos de la Revolución Bolivariana, del estado policial, de los presos políticos. Yo estaba agitada y rabiosa, contra todas las mentiras que la gente ha preferido creer en lugar de molestarse en saber la verdad y la voz de ellos y sus historias. Ella me decía que no me enfadara, que me tranquilizara, que no gritara.. Yo le decía que no era para enfadarse no, sino para ir a coger al fusil. Luego subimos el monte. Empezamos a ver la luz tan bella del atardecer en esas nubes púrpuras. Ella me preguntó qué como voy con el texto de Maraíz. Yo le dije "Maraiz es una puta mierda, es literatura del desamor y la metafísica, un puto pasatiempo, no sirve para la revuelta, no sirve para nada" Y luego estvimos hablando de las flores. Yo le dije "tú te inventas esos nombres, eso no son brezos, los brezos son moraos, eso no son violetas, eso no es la manzanilla, eso no son las campanillas, eso no es la cicuta, tú todo te lo inventas, eso no es el cuco" Pero la quise tanto, la vi tan niña, tan ciervo. Comprendí cuánto frío había pasado, qué pocas veces le acariciaron el corazón, qué hermosa y cuánto amor tenía dentro, a pesar de las pérdidas y tan largos inviernos. Su manera de querer al perro, de querer a las plantas, de querer a un dios que nunca bajó a la tierra, de querer a los fusilados, y al morao que quisieron que enterráramos.
Al volver a casa, encendió la tele, y dijo "ay qué bien que ganó" Y entonces me enteré de que fue el rollo ese del PSOE, y le dije ¿qué ganó quién? si son iguales, allí sólo gana la mierda, eso es una puta estrategía política, que al otro lo quisieron hacer el héroe y mártir de los socialistas, un revolucionario mientras se vendían al imperialismo y fue siempre un arrastrao y un vendido puesto ahí por las monedas, sin dignidad ni ideología ninguna" y ella dijo "yo no votaré al psoe pero esto es una oportunidad para frenar a la derecha"  y le dije "el PSOE es lo que perpetua la derecha, muchos más rastreros y dañiños que el PP porque roban el cambio vistiéndose de putas... y esa estrategia miserable que te ha hecho creer que ha ganado la izquierda en el PSOE es la única que les queda para cazar-tontos y perpetuar su mierda,cuánto me duele que haya tontos dentro de mi familia".
Hoy al subir aquél monte. Y mirar hacia atrás, la senda de piedras y tierra, rodeada por "muros" de árboles y brezales, la curva del río allá abajo, ese pico del sendero, perdiéndose en vegetación, y en su cuesta abajo, mezclada con una cromática de madera y flores. Tuve un deja-vu melancólico. El recuerdo de andar allí de niña, cuando todos los caminos llevaban sólo a la luna, cuando no existía la muerte y todo era infinito. Y me vi a mí corriendo con un caracol en la mano, cuando no medía ni medio metro. Pero también vi una poderosa ausencia de la gente que caminaba conmigo, y tuve la percepción de que todos nos despeñábamos en ese olor de pinos.
Desde hace unos meses tengo la rara sensación de que todos estamos a punto de criar malvas. Como un réquiem que se canta antes para disfrutarlo, porque después ya no tiene gracia, ni llena el vino. A veces pienso que quién cuidará de Kavka si yo muero, y al mirar a sus ojos, tengo miedo a que él sufra, a que esté triste, a que conozca el desamparo.