HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He ido al cementerio a hacer unas grabaciones y de pasó llevé a la tumba de mis abuelos un rosa que estaba ya marchita y un cacho de caracola... Me quedé allí un rato mientras caía el atardecer. Lo que no me gusta de los cementerios es que parece que la muerte es cristiana, hay demasiadas cruces y cristos sufrientes... pero la muerte es cuántica, pagana, pangea y ácrata, es de los nadie, de los que no tienen dinero para levantar mármol ni para pagar coronas, es proletaria, es rojinegra, no compra nicho ni agujeros en la tierra, y creo que se ríe y es dulce y haschiana.
Ahora me he echado un poco de vino. He metido la ropa en la mochila para el viaje de mañana. Miro la oscuridad del monte y a veces estás dentro. Luego me doy cuenta de que es un error metafórico, una trampa de la precariedad de las venas en los lagos, una pobreza del verso demasiado apegada a lo que no existe. Y me doy la vuelta infiel y algo rota. Restituyo la amnesia en puertos. Ir a beber con un desconocido y a maldecir el capital y su futuro. Ir a descamisarse con los monstruos, pacer la noche que empieza en el desvío de una linea que impagó tu canto. Todo es absurdo, a veces enardecido de amor, a veces de grietas. Como si fuéramos a algún sitio sacamos la bolsa de la basura, cerramos un sobre y lo ensalivamos con coñac y adiós. La mar nos aguarda como una fortaleza, como la última palabra.

1 comentario:

  1. Alterno hiperracionalismo extremo con lirismo entregado.
    Bipolar hasta la médula del verso.
    Protejo así con la razón
    lo que la razón no puede tocar.

    He vuelto para no dejar sola
    tu palabra.

    ResponderEliminar