HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora sí ya está todo listo para irme. El cielo tiene un color de vértigo, hay un azul cenizo, como si detrás ardiera la noche que parece estar a miles de kilómetros de distancia, con el cueto brillante y la caliza bajo el sol y el sonido del trueno y una nube blanca que se mueve delante y su movimiento genera la eclosión. Es bellísimo. He llevado de todo lo que pueda necesitar allí. Cuando llegas a una casa vacía, sino tienes que gastarte mucho dinero. Y yo no voy allí a eso, voy a la mar y a vivir con lo indispensable, lo más bonito es gratis siempre... Una parte de la lucha contra el capitalismo, es no consumir, sino lo necesario para la supervivencia. Si todos hiciéramos un boicot a través de la escasez, muchos de esos monstruos de la avaricia y las multinacionales que cagan plástico y mierda tendrían que irse. 
Tengo un rato no más.  Hace unos meses escribiría otro tipo de cosas, sobre un día como hoy, me he encontrado muchos sentimientos al buscar las toallas y otras cosas. Ese gorro soviético del abuelo, el neceser de la abuela su peine, una cana suya,  ese hálito borrado en la pared con la espuma de la mar que hablaba de él, el adiós sobre esos escombros, ese corazón que se abre en medio de la nada. Ahora ya no hago poesía con ello. Sólo lo describo. No sé si es por cansancio o por exceso. No sé si es el vínculo inevitable de la despedida o un llanto no llorado convertido entre los pinos en otra cosa que no buscaré.

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