HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy tengo que recoger algunas cosas para el viaje. Dormir en la ciudad, y mañana irme. Ayer no escribí nada desde las 3 de la tarde. Estuve escuchando canciones de la revolución de distintos pueblos y épocas, llorando y gritando de alegría y tragedia.... estuve viendo vídeos de gente que está en la lucha. Estuve durmiendo como si estuviera muy cansada, sin fuerza para conocer el nombre del sol. Y luego fui al monte... anduve metiéndome entre zarzas y medio escalando ciertos sitios, porque quería llegar a una piedra a la que no me fue posible llegar, porque había un terraplén vertical de piedras, por las que el perro y yo patinamos. También me metí a la vera del río, entre ortigales y arbustos, de cuclillas bajo los árboles. Tenía un grito de desesperación, de abismo, de soledad, un cansancio tan punzante que traté de luchar contra él, moviéndome como las cabras.  Luego por allí, cerca del río, encontré una botella de plástico de dos litros, y la llevé a la fuente y estuve regando unos chopos. Es Mayo y casi no ha llovido. Ese agua brota y brota y pensé que era mejor llevarla a los árboles. Estuve hipnotizada por la hierba, por su comer y beber de la tierra y del sol, por su tacto, por su belleza. Me pareció asombroso. Me pareció extraordinario cada árbol y planta. Me pareció casi una alucinación que toda esa vida estuviera allí. 
Me sentía enferma. Como si fuera a morir. Como si todo se alejara y el poema ya no tuviera sed ni ganas, nada qué decir.

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