HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy me he querido sola, en esos lugares donde nadie me encuentra.
Sentí un vaivén en el prado en el que entraba como en sueño. Los árboles parecían dioses que se fundían en la cromática de mi silencio. Las nubes iban tan rápido y el sol entre las ramas tenía un color onírco...y me emergían una energía de la que no podía ni quería escapar.
Comprendí el sueño de hace unos días, como si hubiera tomado peyote.
Las piezas de aire de mi puzzle de cubismo encajaron en una especie de fuego. Y echaron una canción al vuelo.
Supe lo que tenía qué hacer, bajo unas nociones en las que no estaba ninguna palabra.
Supe lo que debía destruir de mí, en la continuidad de esa perpetua metamorfosis que otorga el presente.
Olí el peligro de mis errores, aquellos que nacieron dentro de un ataúd con hielo y heroina, o demasiado cerca de la absenta de la perdición.
Sentí que todo respondía, cuando decenas de mariposas vinieron a bailar conmigo. 
Me sentí en el abismo protector de lo inefable.

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